
Al parecer Bin Laden fue asesinado en la madrugada del domingo 1° de Mayo por tropas estadounidenses en Pakistán. La información oficial sobre el asesinato, con resistencia por parte del saudí de la familia real ante los soldados yanquis, puso en vilo a todo el mundo. Para muchos significó el fin del terror ultraislámico. Para otros, en cambio, significa el inicio de una nueva era de terrorismo globalizado.
Al analizar la magnitud del suceso desatado tras la eliminación física del líder de Al-Qaeda aparecen varias aristas por tocar. En primer plano, surge la política imperial y la campaña de desinformación mundial impulsada por los grandes oligopolios globales de los medios masivos de comunicación. En segundo lugar, salen a la palestra las contradicciones a las cuales se vieron sometidos los integrantes de la Casa Blanca que no pudieron explicar la creación del monstruo que es Osama y ahora combaten, y las contrariedades sobre la “exitosa” operación de sus combatientes.
Para indagar los vínculos Bin Laden y Estados Unidos y la creación del monstruo es necesario remitirnos al conflicto de la guerra fría. Guerra esta que tuvo como contendientes principales a Estados Unidos y la extinta URSS. Si bien, durante las cinco décadas que duró la denominada “Cold War” nunca hubo enfrentamientos directos entre estas dos potencias mundiales sí los hubo, en cambio, de manera indirecta vía países que representaban intereses en pugna para estos dos países. Piénsese, por ejemplo, en la guerra de Vietnam como un claro exponente de esta situación.
Afganistán, durante la década de los 70, sufrió la injerencia imperialista de la Unión Soviética. EEUU preocupado por el avance del comunismo en medio oriente decidió preparar la resistencia árabe y dejó en manos de la CIA aquella operación. Para ello se creó la organización denominada “Al Qaeda” (cuyo significado en español es Base de Datos) que tuvo como líder a Bin Laden, y a la que Estados Unidos proveyó de armamento y entrenamiento. La operación orquestada por la inteligencia norteamericana y dio sus frutos ya que gracias a la utilización de los misiles Stinger, Afganistán fue “liberada” y la URSS debió rendirse. Tras la exitosa operación contra la Unión Soviética, Al Qaeda quedó en el olvido para los Estados Unidos y el grupo continuó con sus actividades.
Así fue, palabras más palabras menos, la formación del grupo terrorista más buscado y combatido por Norteamérica y el mundo occidental: una construcción de los mismísimos Estados Unidos.
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Cuando el 11 de Septiembre de 2001 las Torres Gemelas de Nueva York eran derribadas por los atentados suicidas con aviones, desde la Casa Blanca apuntaron a Al-Qaeda pero mucho más hacia Irak y Saddam Hussein. Tras producirse los atentados, diversos periodistas norteamericanos mencionaron que Osama Bin Laden estaba enfermo por problemas renales y se encontraba sometido a diálisis. Esta versión dejaba por sentado la difícil operación terrorista dirigida por Bin Laden desde una cueva de Afganistán, lo cual ponía en duda la teoría de que el autor de los atentados haya sido este eremita saudí. La excusa de la invasión a Irak antes que a Afganistán, por parte de los halcones de la Casa Blanca, venía dada por la simple, pero nunca comprobada razón, de que Hussein (Sadam, no Obama) brindaba apoyo logístico y financiero a Al Qaeda y que además Irak era un receptáculo de terroristas jihadistas.
Tras la invasión de Irak, EEUU desembarcó sus tropas en Afganistán desencadenando así su intervención bélica más onerosa que luego traería problemas financieros como la actual crisis mundial devenida luego en económica. Con la excusa de derrocar al régimen que mantuvo a la red de terroristas que atacaron al World Trade Center y la inexcusable razón de capturar vivo a Saddam Hussein y Bin Laden, los Estados Unidos invadieron y sostuvieron dos guerras en una misma región en simultáneo. Desde 2002/03 hasta la fecha, ya pasaron ocho y nueve años de las invasiones y las guerras desatadas por el imperio norteamericano en medio oriente tras los atentados del 9/11 en busca de las pretendidas armas de destrucción masiva y del terrorista y genocida Osama Bin Laden.
En todos esos años, las dudas estuvieron a pedir de boca. La operación terrorista más grande de la historia mundial desatada sobre la nación más poderosa del mundo fue puesta en duda por las múltiples suspicacias despertadas tras las inconexiones sobre el derrumbe del World Trade Center. También, levantó sospechas por doquier el hecho de que la potencia imperialista más grande sobre la faz de la tierra con cientos de bases militares desperdigadas por el mundo y con el organismo de espionaje más desarrollado, no pudieran dar con Bin Laden en todos esos años.
Sin embargo, cualquier persona con sentido común y una lectura sigilosa sobre la política exterior norteamericana y su “diplomacia”, habrá podido percatarse de que encontrar a OBL, no era el objetivo inmediato de EEUU sino utilizar políticamente aquella búsqueda. De hecho, esa fue la excusa esgrimida para mantener dos guerras en simultáneo durante tantos años sin encontrarlo con tantos recursos con los que cuenta el imperio yanqui. El no encontrarlo le permitía a los Estados Unidos mantener la invasión en ambos frentes: el iraquí y el afgano. Y con ello aplicar miles de políticas “anti-terroristas”, manipular a su pueblo, y justificar acciones que sin un “enemigo” serían muy difíciles de llevar a la práctica.
No obstante, EEUU no podía (y aún no puede) sostener de manera eficaz la mentira sobre Iraq y OBL. El 18 de julio de 2002 Dale Watson, director de la división de Contraterrorismo del FBI, consideraba que Osama estaba “probablemente” muerto y que no contaban con información como para asegurar que se mantuviera con vida. Sin embargo, mientras los grandes monopolios informativos mundiales miraban hacia otro lado y no se hacían eco de las declaraciones de Watson, Bin Laden era “buscado” en Afganistán.
Resulta realmente incomprensible que los EEU hayan pasado tantos años sin encontrar a Bin Laden, teniendo en cuenta que se encontraba oculto en Pakistán, un histórico socio islámico de medio oriente cuyo servicio de inteligencia, el ISI, realiza operaciones en conjunto con la CIA.
Un conocido refrán popular reza: “Se puede engañar a algunos todo el tiempo, se puede engañar a todos por un tiempo, lo que no se puede es engañar a todos todo el tiempo.” Eso sucede con EEUU y Bin Laden.
Pero esas no son las únicas contradicciones a las cuales se vieron sometidos los integrantes de la Casa Blanca de Obama. En un primer momento, el presidente negro anunció que sus tropas estaban realizando una operación para capturar a OBL y someterlo a juicio. Momentos más tarde, anunció en cadena (inter)nacional que sus soldados habían dado con el terrorista en cuestión y que habían logrado asesinarlo, tiroteo y resistencia mediante. Sin embargo, más tarde, durante una rueda de prensa, un vocero oficial del gobierno yanqui, había expresado que el asesinato de Bin Laden se había producido sin resistencia por parte de Osama Bin Laden pero que aún así algunos soldados norteamericanos habían resultado heridos. Todo ello ante la atónita mirada de los periodistas.
Queda claro que los Estados Unidos no asesinaron a un asesino, asesinaron a un asesinado. Mataron a un muerto, a un fantasma. Y con ello, sepultar su cadáver será más complicado que habiendo matado a una persona real. La conclusión lógica que se extrae de una situación como la que se vive tras la muerte de Bin Laden, es que es una manera exitosa de presentar el fiasco geopolítico y económico que significó la guerra de Afganistán, que no es otra cosa más que un nuevo Vietnam para los Estados Unidos.
Por otra parte es una manera de sellar a un enemigo que ya era complicado de explicar, y dar por cerradas todas aquellas preguntas que inquietaban a los halcones yanquis sobre las suspicacias despertadas sobre la no aparición de Bin Laden, a pesar de que el tiro ahora les salga… por la culata. Y por último, y consecuencia lógica de lo antedicho, matar a OBL le permite a EEUU ir en busca de sus nuevos enemigos como el Irán de Ahmadineyad o la Venezuela de Chávez.
No obstante, las cosas no son tan simples. Lamentablemente para Barack Husein Obama, la “Operación Gerónimo” lejos de enterrar a Osama, lo desentierra.